Los hematomas musculares son la consecuencia de una rotura muscular. En el curso evolutivo de la lesión, se produce una reabsorción del hematoma, iniciándose entonces un proceso de cicatrización que termina produciendo una curación de la lesión muscular. En ocasiones, la reabsorción del hematoma es más complicada y compleja, ya que el perimisio o envoltura del fascículo afectado se encuentra intacto y no permite que los mecanismos de reabsorción del organismo actúen, provocando de esta manera un retraso en la cicatrización de la lesión. A pesar de todo, estos hematomas denominados “intramusculares” suelen terminar reabsorbiéndose sin grandes problemas.

En alguna rara ocasión es preciso introducir medicación con punción percutánea en el interior del hematoma para diluirlo y posteriormente proceder a su evacuación. Si a pesar de todo ello, el hematoma en la zona todavía persiste, la cirugía sería la única vía alternativa para la resolución del problema de este cuadro clínico. Pero lo que no debe de hacerse nunca, sobre todo a nivel del cuádriceps, es ” meter” los dedos en la zona, haciendo gran daño al deportista, ya que ese puede ser el origen de una complicación importante y temible para un deportista, como es la osificación del hematoma o lo que es peor todavía una miositis osificante.

Consulta el artículo en el Diario AS: http://opinion.as.com/opinion/2009/12/18/portada/1261166160_850215.html