Muamba, joven, atlético, sin ningún tipo de problema médico y, sin embargo, en el transcurso de un partido, después de un pequeño sprint, cae fulminado sobre el terreno de juego, víctima de un paro cardiaco repentino. La atención médica fue inmediata y con seis colegas que practicaron los primeros cuidados de forma correcta utilizando incluso el ya famoso desfibrilador. Se consiguió mantenerle con vida hasta el hospital más cercano, y en estos momentos se encuentra en la unidad de cuidados intensivos, luchando contra el partido más importante de su vida para recuperar su latido cardiaco automático y que no le queden secuelas neurológicas de ningun tipo.

Este tipo de accidentes cardiovasculares no tienen respuesta hoy día para la ciencia médica. Sabemos que se producen, pero no sabemos por qué ni cuándo pueden ocurrir. Podemos evitar la muerte súbita en muchos casos, pero no podemos prevenir que se produzcan estos fallos cardiacos. Podemos y de hecho hacemos estudios geneticos de todo tipo, pero en honor a la verdad, en los momentos actuales, escaso valor tienen para prevenir estos accidentes. Son el futuro. Pero en el presente no hay nada, solo vacío, desconocimiento y esperanza.